Hay
muchos que están convencidos que la movilización
estudiantil es un fenómeno milagroso y producto de
generación espontánea. Menudo error.
¡Estos niños
son los hijos del Decreto 1011!
Aquel que puso
en la calle a las mamás que salimos tímidas, en abrumadora minoría y
equivalente determinación a exigir la derogación del decreto 1011 como lo
hiciera la sociedad civil 60 años antes, en 1946 con el Decreto 321.
Estos son los
muchachos que en 2002, cuando apenas tenían 12, 15, 17 años, les parecía
curioso ver a sus madres convertidas de súbito en personas más ávidas de
información que de ofertas de ahorro. Aquella agitación les parecía “cosa
de mayores” y la miraban de reojo.
Esa juventud
que con su toma pacífica de las calles hoy obliga
al mundo a vernos como país en crisis, a la OEA a debatir sobre nosotros y a
la Asamblea Nacional a darles un derecho de palabra, son los
niños que, desde los 12 -13 años, empezaron a tener de sobremesa primero y
de plato principal después, el tema político.
Al que no le
paraban…Que les fastidiaba…Pero igual los invadía..
Crecieron
escuchando primero el rumor y luego el ruido de los problemas del país.
Vieron
contaminarse sus espacios…
Vieron a la
incertidumbre ocupar el lugar de los sueños.
Vieron a sus
padres perder empleos y empresas o sufrir la humillación
de ponerse una franela y renunciar, por ellos, sus hijos, a su dignidad.
Vieron cómo se
les estrechaban sus propios espacios, los de estudio, los de diversión, los
de trabajo
Vieron romperse
sus familias y perdieron relaciones entrañables por diferencias políticas.
Y vieron correr
la sangre. La de sus pares: Keyla en la Plaza Altamira , la primera. Pero,
tristemente, no la última…
Pero
pensaban que todo pasaría. Culminaron sus bachilleratos y se entregaron a la
emoción de la entrada a la universidad y lo que ello conlleva. A descubrir el
mundo viviendo dos vidas paralelas: la de su juventud, ávida
de nuevas experiencias todas brillantes y la de su familia y su país, cada
vez mas sombrías.
La gota que
rebosó su vaso fue el cierre de RCTV. Pero la causa venía gestándose desde
antes, mucho antes.
El movimiento
estudiantil de hoy ni es gratuito ni espontáneo, se ha ido forjando,
paulatina y sólidamente, sin que nos percatáramos, bajo
nuestras narices. En nuestras comidas familiares y discusiones, en las
alienantes cadenas, en el RR, en el Paro, en las elecciones. Han visto y
padecido los errores de sus mayores en cada uno de esos hitos. Errores
cometidos igual por los revolucionarios como por los
opositores y que dejada la infancia y saciada la novedad universitaria, han
estallado en sus caras y sus vidas, empujándolos a elevar su voz en señal de
justificada protesta.
Protestan a un
gobierno abusivo y alienante.
Y protestan
también a una oposición poco capaz.
Esos muchachos
que hoy colman los espacios, desde las avenidas hasta las estaciones del
Metro, los que en la Asamblea Nacional dejaron con las
ganas a un oficialismo que quiso tenderles una trampa, los que usan su ingenio
para escribir LIBERTAD y la llenan de contenido igual en la Cota Mil como en
la Facultad de Arquitectura o en semáforos, esos chamos se
han impuesto como interlocutores no solo legítimos, sino legitimados
por toda, absolutamente toda la sociedad, ante un régimen
que desconoce impúdico a los millones que lo adversan o
somete a sus seguidores a indignidades inaceptables. Nada
hay que agite más las almas jóvenes que la injusticia…venga de quien venga
y se dirija a quien se dirija.
Esos
chamos no han caído en la cortoplacista consigna del “Chávez vete ya”, y
se crecen con el mucho más temible y sobre todo contundente “Chávez, así
no”. Que los eleva, los universaliza, y lo mas importante, les
gana mas y más adhesiones.
Adhesiones que
se producen sin trauma aun entre los partidarios del
presidente que, en adhiriéndose, no sienten que traicionan
al líder sino por el contrario, los afianza en el recuerdo de por
qué y para qué le dieron el poder. Ellos han roto la
división entre venezolanos reencaminándonos a la merecida
reconciliació n nacional…
Despersonalizando
la lucha cabalgan raudos sobre principios y éstos les dan alas: a ellos y
a su lucha. Libertad, inclusión, oportunidad para todos, progreso ¿Quién
osa oponérseles? ¿Qué puede esperarle a quien los agrede, sea con bombas o
con palabras?
Su frescura
corre pareja a su ingenio.
Maniobran con
agilidad desconcertante y se escurren como peces de las
celadas
Cuando hablan,
nadie teme ser agredido y obligan a elevar el nivel del
discurso.
Su signo no es
un puño cerrado que golpea sino unas manos blancas y abiertas que se elevan
al cielo.
Sus barbillas
firmes y alzadas contrastan con las papadas fofas y los
chalecos antibalas de quien, egoísta, quiere que todos
teman por su sola vida.
No. Estos
muchachos no “surgieron” de la nada.
Como todo buen
plato, han estado cocinándose a fuego lento y sin saberlo, todos alimentamos
esa llama. Con los errores, aciertos y las torpes fracturas de la oposición y
también con la soberbia de los que detentan el poder y desoyen al pueblo
atropellándolo. Sus ingredientes vienen del barrio y la
urbanización, de la capital y la provincia. Los hay autóctonos y mestizos.
¡Como nuestra hallaca ! son dulces, salados, ácidos y
picantes. No hay a quien no le guste…
Estos chamos,
¡mucho cuidado! no son “de la oposición”
Estos chamos
son mucho más grandes que tal circunstancia, ellos son la Venezuela que se
opone a la opresión, la arbitrariedad y la discriminació n. En cadena
nacional y con impacto universal, se quitan la franela del
uniforme castrante para decir: nos gusta poder ser
diferentes y somos libres para serlo.
¡Vive
Dios!...De estudiantes, pasaron a Maestros.
¿Su mayor éxito?
Sumado a todo lo anterior, nos demostraron que no estamos en un foso sino en
un túnel…y ellos acaban de mostrar dónde está la luz y cómo llegar a
ella.
La tarea nos
reclama a todos. A todos. Suena tan bien
hablar nuevamente de “todos”.
Uno a las suyas
mis palmas y con orgullo de madre venezolana canto a voz en grito:
Eeeeees-tudian-
tes…clap, clap-clap, clap.
10.06.07