| Caracas,
domingo 17 de junio, 2007 Opinión |
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Tiempo de palabra
"Cada vez que Chávez está con el agua al cuello llama al diálogo.
Nadie debe engañarse"
CARLOS BLANCO
Estudiantes ¡Alerta!
La insurgencia del movimiento estudiantil ha sido fulgurante, pero
está asediada de peligros. Se demostró que cada sector tiene su
tiempo, su ritmo y sus motivos. Así ha sido y así será. El
crecimiento de la resistencia frente al régimen de Chávez es
progresivo y se da por oleadas. Grupos sociales, sectores políticos
o individualidades se desprenden del campo magnético oficialista;
se mantienen neutrales por un tiempo y luego se suman a la
disidencia. También hay franjas de ciudadanos que habían estado
desentendidos del conflicto; por alguna circunstancia particular se
alertan y se adhieren a la protesta. Y están, por supuesto, los que
desde tiempo atrás vienen enfrentados a la vorágine chavista.
Ahora es la hora de los estudiantes, lo cual ha dado a la lucha por
la libertad frescura, nuevos enfoques y gran vigor.
Peligro de la
Grandilocuencia. Este movimiento estudiantil incorpora varias
esperanzadoras novedades. La primera de las cuales es que es
inatacable para el esquema oficial. No tiene "pasado"; no
tiene dirigentes veteranos y, por tanto, frágiles por algún
flanco; tiene un lenguaje que va directamente al corazón del asunto
cuando demanda libertad de expresión, de manifestación, y, más
allá, libertad, sin apellidos; ésa, que engloba a todas las
libertades.
Sin embargo, esa inmensa y hermosísima lucha puede ser desvirtuada
por varios flancos, algunos inesperados. Uno de los más importantes
es no entenderla como parte de un proceso del cual es elemento
esencial. La idea de que hay una ruptura histórica mayúscula, o
que es una de las tres grandes rebeliones juveniles desde 1928 hasta
la fecha, puede no sólo ser un buen deseo sino la colocación de un
peso demasiado elevado sobre un movimiento que comienza. Falta
tiempo, faltan acontecimientos y cierta maduración histórica, para
colocar en su adecuada perspectiva lo que este alzamiento reclama
como sus méritos y sus títulos. Es una rebelión por la libertad,
que no es poca cosa, y puede ser mucho más; pero, todavía no se
sabe hasta dónde llegará. Ya tiene en su haber un hecho
definitivo: la incorporación de la juventud en la lucha contra Chávez.
Nada de malo tienen los reconocimientos a líderes como Yon
Goicoechea y Stalin González, junto a los demás que se han
destapado, llenos de inteligencia, asidos a un lenguaje cristalino,
y capaces de sonreír en medio de los desafíos que portan. Con
todo, colocarlos como los líderes de la oposición, los que darán
cuenta del régimen en los próximos tiempos, no es una perspectiva
que los ayuda sino que los desborda. No porque no puedan serlo, sino
porque hoy no lo son.
Tratarlos como los jefes de la resistencia los coloca en la situación
de hablar como los jefes políticos habituales. Deben responder
sobre marxismo y socialismo, derechos constitucionales y
confiscaciones, propiedad privada y situación internacional,
gobierno y oposición, derecha e izquierda, historia y futuro. Por
esta vía, se les banaliza, y, con la mejor de las voluntades, se
les sobreexpone y se corre el riesgo de quemarlos. Claro que son
factores frescos en un ambiente político envilecido; pero,
precisamente por esa circunstancia no deberían dejarse zarandear
hasta convertirse en un elemento más del árido paisaje
comunicacional del país.
La Estrategia del Gobierno. El
movimiento estudiantil y juvenil fue brutalmente reprimido los días
27, 28 y 29 de mayo. Después, el gobierno cambió su estrategia. Lo
hizo, porque la repulsa a su acción fue generalizada, unida al
masivo descontento por el cierre de RCTV. También dio un viraje
porque tiene miedo cerval a que se embochinche el panorama para la
Copa América. Hay una razón adicional y muy esencial: cada vez que
Chávez está con el agua al cuello llama al diálogo. Nadie debería
engañarse a estas alturas con tales requiebros, meras tácticas
destinadas a ganar tiempo. El envoltorio de ovejas no es suficiente
para ocultar las pistolas al cinto. Recibirlos en el TSJ y en la
Asamblea es parte del embeleco; por fortuna, dejaron a Cilia con los
crespos hechos en la ocasión de la emboscada.
En estos días, el diálogo tiene otros ingredientes tramposos. El
primero, es la insólita equiparación entre un movimiento
estudiantil genuino y masivo, crítico del gobierno, con otro
movimiento estudiantil que no existe, fantasmal y oficialista. En
Venezuela, por este tiempo, hay un movimiento en la calle dirigido
por los jóvenes de las universidades; a este genuino levantamiento
se le ha querido contraponer otro que es totalmente espectral, que
tiene "dirigentes" pero no dirigidos.
Lo que existe son líderes estudiantiles reales en contraposición
con un grupo de miembros del oficialismo, algunos inteligentes y de
buenos modales, varios con la condición de empleados públicos, que
ostentan la particularidad de que no representan a ningún
movimiento estudiantil sino al gobierno. No son estudiantes vs
estudiantes, sino estudiantes vs gobierno. Por esto, los debates son
tan asimétricos, unos estudiantes genuinos, que emergen de la base
estudiantil, frente a unos dirigentes políticos cuya función es la
política y trabajan a tiempo completo con el gobierno y para el
gobierno. No hay más que ver a los falsos dirigentes estudiantiles
ir a la Fiscalía para que "investiguen" al portal
Noticiero Digital. Ya se sabe que el propósito ya expresado por
algunos próceres oficiales es que cierren ese medio.
La otra táctica gubernamental es el chantaje a los dirigentes
estudiantiles: si hablan con los dirigentes políticos de la
disidencia entonces son de "oposición" y son "políticos",
por tanto, dejan de ser criaturas adorables para convertirse en
esperpentos falsarios. El propósito, por claro, no deja de ser
perverso: se trata de dividir y de impedir la necesaria comunicación
entre todos los que se enfrentan al régimen. Un Estado policial
como el venezolano, usa todos los recursos para averiguar vida y
milagros de aquéllos a quienes les interesa controlar o chantajear,
de allí que cualquier contacto o reunión con dirigentes políticos
se convierta en prueba de la carencia de inocencia y de buenos propósitos
de los líderes estudiantiles.
El Futuro. Los
estudiantes ya han dado el paso para participar en la batalla por la
libertad que es, vístase como se vista, contra el régimen de Chávez.
Han incorporado la juventud, han añadido nuevos temas, suman nuevo
lenguaje y tácticas novedosas. Lo hacen con maestría; lo hacen muy
bien. Su propia experiencia los conducirá a toparse con el rostro más
sombrío del gobierno, cuando éste abandone esa especie de juego de
gárgaro, de tente-allá disfrazado de "diálogo".
El movimiento estudiantil es político porque desafía al poder; sus
dirigentes cumplen funciones políticas porque conducen ese desafío;
y comienzan a verle las fauces políticas a un régimen cuyo único
sentido es perpetuarse, a la brava, en el poder.
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