EL NACIONAL - Sábado 26 de Abril de 2008 Nación/4
 

Nación

OTONIEL GUEVARA Asegura que un elemento de convicción no es una prueba

"Isaías parió una novela que ahora lo persigue "
El ex secretario general de la Disip repasa todas las irregularidades que, según su parecer, se cometieron en el juicio que los responsabilizó a él, a su hermano Rolando y a su primo Juan Bautista del asesinato del fiscal Danilo Anderson

ALFREDO MEZA
ameza@el-nacional.com


HENRY DELGADO/ARCHIVO Otoniel Guevara a la izquierda y su primo Juan Bautista aseguran que no hay pruebas que los incriminen

Sentenciados a casi 30 años de prisión por el homicidio de Danilo Anderson, Otoniel, Rolando y Juan Bautista Guevara, primo de los dos primeros, cumplen su larga condena en la Disip. Durante la semana las visitas son restringidas.

Sólo dos personas pueden acompañar a los presos a la vez.

Sentados a una mesa del área de visitas, compartiendo un generoso almuerzo, están la madre de los hermanos Guevara y Jacqueline Sandoval, esposa de Rolando. Otoniel es el vocero del grupo.

–Si el testimonio de Geovanny Vásquez de Armas es tan endeble, como denuncian sus abogados, ¿por qué no confiar en los 147 elementos de convicción que presentó la Fiscalía como prueba de que ustedes son responsables de la muerte de Danilo Anderson?
–No hay nada que nos incrimine en el homicidio de Anderson, ninguna prueba, ningún testimonio. El juez y la Fiscalía no fueron capaces de individualizar la participación de alguno de nosotros. El caso era tan débil que no se nos permitió ir a juicio con escabinos. Los periodistas que asistieron al juicio, el público, la familia de Anderson, nadie escuchó que se presentara una prueba en nuestra contra. Los escabinos no hubieran permitido una condena como la que nos impusieron.

El cuento falaz de Julián Isaías Rodríguez y sus adláteres de que manejaban 147 elementos de convicción contra nosotros es sólo una mentira para justificar su venganza.

Me explico: un elemento de convicción es la presencia de la comisión de los bomberos en el sitio del suceso; es el hallazgo del cadáver. De ellos no se desprende la culpabilidad o el grado de participación de nadie. En el propio juicio se desecharon más de 40 elementos de convicción de la Fiscalía, pues eran diligencias aburridas que no probaban nada y sólo prolongarían el juicio. Finalmente, el propio fiscal Gilberto Landaeta admitió en sus conclusiones del juicio que sin el testimonio de Geovanny Vásquez no hubiera sido posible sustentar nuestra responsabilidad en el asesinato.

– Isaías Rodríguez reconoció irregularidades en la forma de obtener el testimonio de Geovanny Vásquez. Dijo que los abogados debieron tener la posibilidad de interrogar al testigo antes de que compareciera en el juicio. ¿No fue eso lo que denunciaron sus abogados en el juicio?
–Esa confesión significa que el juicio debe ser anulado. Si el testimonio de Vásquez no sirve para confirmar los demás elementos promovidos en el juicio, entonces todo es falso. Isaías Rodríguez hablaba a cada rato de la investigación, sabía las fechas, nos atribuía la comisión del hecho sin dejar espacio para la duda razonable y le asignó porcentajes de credibilidad a Vásquez de Armas. Hoy, cuando siente el terror de haber sido desenmascarado ante Venezuela y el mundo, ha tenido la oportunidad de defenderse ante los medios de comunicación, oportunidad que nunca hemos tenido nosotros.

Se nos aplicó la desaparición forzada, se nos torturó y se utilizaron elementos ilegales para justificar la privación de nuestra libertad. Isaías parió una novela que ahora lo persigue. En la apertura del juicio, Pedro Miguel Castillo, mi abogado defensor, presentó al juez las publicaciones que probaban que el testimonio de Vásquez ya había sido ventilado públicamente por el ex fiscal general. El juez Luis Ramón Cabrera, que era un fiscal más, las rechazó. Nosotros nunca fuimos tenidos por inocentes, como lo establece la ley.

–¿Qué se hizo mal en la investigación del caso Anderson? –Desde el aseguramiento del sitio del suceso en adelante, daba la impresión de que lo hacían mal a propósito. Cualquiera podía ingresar al área resguardada por las cintas amarillas. Además, se desecharon las hipótesis naturales de buenas a primeras, se procedió a actuar con la información de una llamada ilegal y ya no se investigó, sino que se remitieron al contenido de la llamada. Esa llamada, de paso, jamás existió. Nuestros abogados presentaron la prueba, pero el juez también la desechó.

–¿Después de tres años y medio es posible empezar una investigación desde cero y encontrar la verdad?
–Sin duda que la investigación en las actuales circunstancias no es fácil. Aunque se perdió un número de elementos que hubieran servido para identificar el tipo de artefacto usado, así como el iniciador, se podría establecer el móvil del homicidio y eso es muy importante. Eso todavía podría establecerse.

–Ustedes llevan tres años y ocho meses presos. ¿En todo este tiempo han podido recabar información que les permita afirmar quién mató a Anderson?
–Yo no he tenido la posibilidad de leer el expediente. Para mí es muy difícil especular sobre ese asunto. Además, nosotros nos hemos convertido en una suerte de leprosos. Muy pocos amigos vienen a visitarnos y quienes se han preocupado por nosotros sólo mandan un papelito, que dice: "Estamos pendientes de ustedes". No sé si este es un crimen de Estado, pero de lo que sí estoy seguro es de que un grupo de policías envenenó a Chávez en contra nuestra, hasta el punto de que en una cadena nacional en 2001, con motivo del caso Montesinos, me definió a mí como enemigo de la revolución. ¿Qué me queda después de eso? Desde entonces éramos los principales sospechosos en cualquier caso políticamente relevante.

El 15 de abril de 2002 allanaron el sitio donde trabajaba.

Tenían nuestros teléfonos intervenidos. Recuerdo que el experto que compareció en el juicio del caso Anderson respondió, a una pregunta del fiscal Gilberto Landaeta, que él estaba seguro de que los teléfonos analizados me pertenecían porque me estaban investigando desde antes de que apareciera Montesinos en Venezuela. ¿Cómo es posible entonces que yo haya planificado la muerte del fiscal si mis teléfonos estaban intervenidos? Hemos sufrido una persecución constante que podría calificar dentro de los delitos previstos y sancionados en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Los crímenes competencia de dicho estatuto no prescriben.