Microstar: un cangrejo judicial
11 de Septiembre de 2008  | Referencia: Referencia: Tal Cual

 
Más allá de la culpabilidad o no de los involucrados en el caso Microstar, lo que parece haber revelado el juicio seguido contra Gustavo Arráiz y Eligio Cedeño es la negligencia del Ministerio Público y los tribunales. Los abogados defensores de los implicados consideran que esto ha sido causado por la politización del caso y la falta de independencia del Poder Judicial.

Según la defensa, entre las actuaciones polémicas de la Fiscalía y los jueces del caso se encuentra la orden de aprehensión contra los involucrados sin que antes hayan sido imputados, la recusación hasta en tres ocasiones de los jueces que llevan el juicio, cuando la ley establece un máximo de dos, la negación de las pruebas promovidas por la defensa, la incapacidad de la Fiscalía para comprobar el delito de "distracción de recursos" que los mantiene presos y la irregular detención de Arráiz en Panamá, quien fue traído hasta Venezuela a pesar de que el Estado había desistido de su extradición.

Igualmente, destaca el hecho de que los jueces y fiscales del caso han sido premiados o castigados sobre la base de sus decisiones y el apego de éstas a los intereses del Ejecutivo. Por el caso han pasado unos quince fiscales, de estos la mitad ya no se encuentra en el MP. Lo cierto es que Cedeño y Arráiz llevan un año y siete meses presos, sin que se les diga si son culpables o inocentes.

PRESOS SIN IMPUTACIÓN
Una de las principales irregularidades denunciada por los defensores se refiere al delito que le permitió al MP solicitar, en febrero de 2007, la orden privativa de libertad contra Arráiz y Cedeño. Ésta se hizo por el delito de "distracción de recursos" contemplado en el artículo 432 de la Ley General de Bancos y Otras Instituciones Financieras.

La Fiscalía sólo los había acusado en noviembre de 2005 por los delitos de "Obtención fraudulenta de divisas" y "Contrabando mediante simulación", ninguno de los dos sumaba la pena necesaria para mantenerlos en la cárcel, lo que sí permitía la nueva acusación cuya pena es de ocho a diez años.

Los familiares de Arráiz, que se han empapado en derecho penal, indican que esto le impidió a los acusados defenderse pues la Fiscalía "ocultó" esta nueva imputación y aseguran que esto se hizo con la finalidad de mantenerlos presos mientras se celebra el juicio: "Cómo se explica que una juez se preste para dictarte una medida privativa sin haberte imputado.

Esta juez se prestó, con todo lo que le pedían los fiscales ella era permisiva, vamos a embargarle las tierras, las cuentas", señala el hermano del presidente de Microstar, Arturo Arráiz.

Nelson Mejías, quien fue uno de los fiscales que pidió la privativa de libertad, y Venice Blanco, que fue la jueza que aceptó la petición, fueron ascendidos a director de Salvaguarda y presidenta del Circuito Judicial Penal de Caracas respectivamente. Mientras que el fiscal Alejandro Castillo, quien recusó a la juez del caso, con la finalidad de retrasar el proceso según aseguran abogados y familiares, fue designado posteriormente director de Derechos Fundamentales del MP.

También destaca el caso de la fiscal Yoneiba Parra, quien con Mejías solicitó la privativa de libertad. Sin embargo, su desacuerdo con que se dejara por fuera a los demás integrantes de la Junta Directiva del Banco Canarias llevó a su desvinculación de la Fiscalía.


NO SE ADMITEN PRUEBAS
Una de las cosas que admiten los fiscales de la causa en privado es que, aun cuando el Ministerio Público pudiera contar con evidencia suficiente en este caso, la misma actuación de algunos de ellos y la evidente politización del caso han hecho que el proceso llevado por la Fiscalía se derrumbe.

Sorprende, por ejemplo, que a pesar de que la juez Blanco decidió negar buena parte de las pruebas de la defensa, los testigos de la Fiscalía se contradijeron cuando llegaron al estrado. Los expertos financieros citados por los mismos fiscales indicaron que no se había producido pérdida al patrimonio público, ni al banco, requisito fundamental para la imputación del delito de distracción de recursos.

Además, en el encabezado de este artículo se especifica que de este son responsables "los miembros de la junta administradora, directores, administradores, funcionarios o empleados de un banco, entidad de ahorro y préstamo, institución financiera o casa de cambio". Evidentemente Arráiz, presidente de la empresa Microstar, no entra dentro de ninguna de estas descripciones, por lo que sus familiares recuerdan de manera reiterada que él "no es banquero".

Emilio Berrizbeitia, abogado de Cedeño, explica que esto último sucedió porque la participación de los acusados es distinta y se debió dividir las causas. En este sentido también considera inadecuadas las imputaciones de "cómplice necesario" en las otras dos acusaciones, pues estas se refieren a los delitos cometidos presuntamente por Arráiz: "En estos casos la responsabilidad es personalísima", argumenta.


RECUSACIÓN Y DILACIÓN
Según comenta Berrizbeitia, frente a la falta de evidencia para condenar a Cedeño y a Arráiz por el delito de "distracción de recursos", que es el único que los mantendría tras las rejas, la estrategia de la Fiscalía ha sido la recusación de los jueces, así como ausentarse de las audiencias para retrasar el proceso.

El primer juez, Ramón Flores, fue recusado por los fiscales el año pasado, por lo que el mismo decidió su inhibición en julio de 2007.

Un caso particular siguió con la segunda jueza, Dayanhara González, quien a los días volvió a ser recusada por los fiscales y, al demostrar intenciones de mantenerse en la causa, fue removida de su cargo por un corto oficio (anexado en este trabajo) de seis líneas enviado por la presidenta de la Comisión Judicial del TSJ, Luisa Estella Morales. En este breve texto sólo se informaba que se dejaba "sin efecto" su designación. Al retorno de las vacaciones su destitución había sido revocada, la misma juez decidió inhibirse y fue ascendida a juez titular.

La nueva juez, Gabriela Salazar, no pudo retomar el proceso sino hasta unos días después. Sin embargo, la Fiscalía ya veía derrumbarse sus argumentos y empezó a ausentarse de algunas de las convocatorias. Finalmente, el 10 de junio pasado, cuando se esperaba la decisión de la juez, la fiscal Lissette Rodríguez volvió a pedir la recusación de la juez por tercera vez, lo que no está permitido, alegando una supuesta relación sentimental de Salazar y Cedeño; la solicitud fue negada por la sala 8 de apelaciones. En el ínterin la fiscal Luisa Fayad, quien se habría negado a firmar esta recusación, fue descendida de fiscal nacional a fiscal del Área Metropolitana.

La reanudación del juicio se fijó para el día siguiente, pero el mismo 10 de junio la Sala Penal del TSJ admitió un avocamiento presentado por la defensa de Cedeño ocho meses antes, paralizando el juicio de nuevo. Hoy, otra vez, las vacaciones judiciales detienen el proceso que tendrá que reiniciarse luego de la decisión del TSJ.

Otro motivo de conflicto dentro del despacho que dirigía Isaías Rodríguez fue que la evidencia también apuntaba hacia la junta directiva de Cadivi, presidida por Edgar Hernández Behrens. A pesar de que la misma Fiscalía estableció relaciones entre Arráiz y Behrens, denunciadas por Adina Bastidas, integrante del directorio de Cadivi, el Fiscal General se negó a iniciar un proceso contra el gerente. Esto produjo la renuncia a la institución del fiscal José Benigno Rojas, quien alegó que Cadivi había sido "cómplice necesario" en la operación.

La esposa y el hermano de Arráiz van más allá en sus temores pues indican que hace unas semanas las celdas de éste y Cedeño fueron allanadas en relación con la investigación del asesinato del vicepresidente del diario Reporte de la Economía, Pierre Gerges: "Si han pasado toda esta serie de irregularidades procesales y, estando privado de su libertad, van y lo allanan por un delito del que tenemos desconocimiento total, por supuesto que tenemos miedo y queremos denunciar lo que le pueda pasar en el futuro o que pretendan imputarle algo", indica su esposa Liz Arráiz.

ENEMIGOS EN LAS ALTURAS
Una de las interrogantes que es de más difícil respuesta es la razón que podría tenerse desde el Gobierno para mantener tras las rejas a Arráiz y Cedeño. En el caso de ambos se habla de distintos enemigos, todos ellos en las más altas esferas del poder económico y político.

En el caso de Cedeño sería su amistad con Carlos Ortega, pues en círculos del Gobierno se rumora que el banquero ayudó al sindicalista a salir del país, Igualmente se menciona la posible influencia de banqueros enemigos allegados a Vielma Mora e Isaías Rodríguez.

Cedeño niega haber participado en la fuga de Ortega: "Esa no es mi filosofía, yo era conocido del señor Carlos Ortega, pero si eso es así a mí me hubiese gustado que me enjuiciaran por ese delito, por sospechoso o por haber colaborado con una fuga, no por una cosa que realmente no hice y que no es... porque lo que haces es que tienes que estar inventado delitos, torciendo leyes, para poder mantener esta detención injusta e ilegal".

El caso de Arráiz es distinto.

Días después de su detención en Panamá, en circunstancias bastante irregulares, el propio Presidente de la República se refirió a su caso: "Es una presión fuerte que hay que hacer, en casos específicos, una presión, te repito, que a veces dura años. Ahí está el caso reciente de esta empresa que pidió dólares a Cadivi, ayer fue capturado en Panamá uno de los presuntos implicados. Se había ido del país, libramos Interpol, le dije al vicepresidente, llama al vicepresidente de Panamá, para evitar que salgan los padrinos, las influencias, gente que tiene mucho dinero y compra funcionarios, no solamente aquí en Venezuela, en cualquier parte del mundo y a veces desaparecen sin dejar ningún rastro".


Una fuente allegada a la investigación asegura que Arráiz mantenía una relación sentimental con una de las hijas del Presidente y que el proceso contra él se acentuó a raíz de la ruptura del noviazgo.

Sin embargo, Arráiz ha negado esta hipótesis de manera reiterada, indicando que sólo conoció a María Gabriela Chávez por intermedio de su novio, el teniente Carlos Sánchez Ocando y nunca volvió a saber de ellos luego de su ruptura comercial con el militar. Aunque sea difícil precisar las razones de la actuación judicial, de lo que no dudan ninguno de los involucrados, incluso desde la Fiscalía, es que existe un "ensañamiento" contra ambos.