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Hijo de ex líder liberiano condenado a 97 años

By JAY WEAVER

Cuatro víctimas de tortura y la apesadumbrada viuda de un hombre asesinado a tiros, testificaron ayer en una corte federal de Miami sobre el dolor físico y psicológico que les infligió el hijo del ex presidente de Liberia.
''Todavía tengo cicatrices y marcas en el cuerpo que todos los días me recuerdan las horribles torturas que sufrí'', dijo Momoh Turay, quien testificó que Charles ''Chuckie'' Taylor Jr. lo apuñaló en el cuello y la pierna con una bayoneta después de su arresto durante la guerra civil de Liberia.
``No cometí ningún delito para que este acusado me arrestara''.
Taylor fue sentenciado ayer a 97 años de prisión en una penitenciaría federal, después de haber sido hallado culpable de dirigir una campaña de tortura contra personas opuestas al régimen brutal de su padre. Su sentencia --el clímax de un caso histórico de tortura-- sacó a relucir referencias históricas, desde el exterminio de los judíos por parte de Adolfo Hitler hasta el tratamiento del gobierno estadounidense a los combatientes enemigos.
Antes de que la jueza Cecilia Altonaga lo enviara a la cárcel por el resto de su vida, Taylor, de 31 años, insistió en que era inocente. Nacido en Boston, donde su padre estudió en los años 70, Taylor dijo que la larga y cruenta guerra civil de Liberia le hizo daño a todo el mundo.
''Nadie estuvo a salvo, ni los testigos, ni mi propia familia'', dijo Taylor, que se marchó a Liberia en 1999 tras haberse criado en Orlando.
''Lo siento, lamento lo que les ocurrió a mis hermanos africanos'', agregó.
Taylor fue nombrado por su padre para dirigir una unidad antiterrorista llamada las ''Fuerzas del Demonio'' que golpeó, quemó y decapitó a civiles liberianos entre 1999 y el 2003, concluyó un jurado federal en octubre.
El caso penal de Miami --que tuvo lugar al mismo tiempo que el padre, Charles Taylor, se enfrentaba a un tribunal por crímenes de guerra en Holanda-- constituye el primer encausamiento en Estados Unidos por torturas cometidas en otro país.
El hijo de Taylor fue acusado bajo una ley de 1994 que le permite al gobierno federal encausar a cualquier sospechoso de haber torturado fuera de Estados Unidos, siempre que el sospechoso sea ciudadano norteamericano, residente legal o esté presente en el país, sin importar su nacionalidad.
El jurado de Miami halló culpable a Taylor de ocho cargos de conspiración, tortura y empleo de armas de fuego, en un encausamiento donde también se alegó que había asesinado a por lo menos cuatro de 10 víctimas de tortura en Liberia.
Las fiscales federales Karen Rochlin y Caroline Heck Miller mencionaron las acusaciones de asesinato y el secuestro de civiles cuando le recomendaron a Altonaga que enviara a Taylor a la cárcel por 147 años.
Rochlin detalló las técnicas de tortura de Taylor ante la jueza, entre ellas un asesinato brutal en el que ordenó ``cortarle la cabeza a la víctima de atrás para adelante''.
Rochlin también hizo comparaciones con el genocidio de judíos y armenios en el siglo pasado, junto a la masacre de My Lai durante la Guerra de Vietnam.
Antes de dictar sentencia, la jueza Altonaga hizo referencia al ''pasado sádico, cruel y atroz'' de Taylor, al afirmar que ``constituía una tortura inaceptable, universalmente condenada''.
Altonaga no logró ser persuadida por los abogados de Taylor, Miguel Caridad y John Wiley, quienes argumentaron que la jueza no podía castigarlo por secuestrar ni matar a ninguna víctima ya que el jurado no lo halló culpable de estos delitos específicos.
''La corte no pudo determinar que mi cliente cometió ningún asesinato'', dijo Wiley, y recomendó que Taylor fuera condenado a una pena de 21 a 25 años de cárcel.
Sin embargo, Altonaga estuvo en desacuerdo de forma enérgica: ``Las víctimas fueron asesinadas''.
Las autoridades de Inmigración y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) dijeron que estaban orgullosos de haber procesado el histórico caso toda vez que envía un poderoso mensaje a los torturadores que podrían tratar de evadir la justicia escapando a Estados Unidos, como Taylor trató de hacer en marzo del 2006, cuando fue arrestado al tratar de volar de Trinidad y Tobago a Miami con un pasaporte falso