Hijo
¿Quién tuvo la feliz idea de llamar al hijo: "HIJO"?. Solo una
madre, aquella que en el madero de
La Cruz
, ante ese Gran Ser que en holocausto daba su vida para salvar a la humanidad,
y que en los momentos más sublimes de esa entrega total, se fundían la voz
de ese hijo y la de esa Madre en las palabras sagradas de "Madre" he
ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu
Madre. Y es así, como a través
del tiempo y de los hechos, existen sólo dos corazones en uno, unidos en el
amor no dando cabida sino para un solo latido.
Hijo,
te sé y te siento allí donde está mi Dios, en donde existe mi ser, en donde
está ese mismo Dios en tí, allí, muy hondo, muy callado, en lenta serenidad
estas tú, tu vida, tus anhelos, tus sueños e ilusiones uno a uno, todos tus
momentos, van dando pauta a un peregrinar silente, en donde se unen la
realidad con la distancia, con la impotencia, con ese saber y no poder, querer
y no poder, querer y no saber, en ese solo ser y sentir lo que se es, no
importando ya sino aquello que no se puede, en que lo que esta a nuestro
alrededor, es solo una sombra, la que se mueve a su antojo, sin importar que
ella nos cubra o no, ya que solo se vive una realidad ficticia, impotente, no
dando más pauta sino para ese algo que nos lleva a mirar todo lo demás con
total indiferencia, ya que aquello "demás" son solo circunstancias
nada más, que como tal llegan y se van.
A
veces, en mis momentos conmigo misma, siento que en una extensión del tiempo
se hizo un camino largo lleno de alegrías, ternuras y satisfacciones, otras
empedrados con espinas y abrojos, en el que hemos vencido los dos, en ese
camino un día te vì llegar y te recibí, hubo un pacto unificando nuestras
vidas en una sola para andar en él, por eso estoy aquí contigo, te acompaño
no para dirigirte, ni mandarte, sino porque en ese sentir hondo de tu vida,
hay una madre y esa soy yo, y ¿cómo poder dejar al hijo? que un día buscó
amparo en mi vientre, llegó a el, y se fue formando, tomando la sustancia
Divina de
la Vida
en las entrañas de mi propia Vida y se formó y se extendió a un mundo en el
que sus pasos han dejado huellas profundas, ya que el hombre que hoy es,
aún para esa madre es el niño aquel que un día lo fue para ese hombre y que
hoy y siempre será ese hijo…
Oye
mi silencio y en el palpitar de tu corazón, siente como se sumergen nuestras
almas donde sólo existe la plenitud de la vida: sí, ahí estoy yo, me
sientes ¿verdad?.
Eres
mi obra, soy tu obra, sólo un gran Arquitecto tiene el derecho a obra
tan perfecta y sólo el néctar de esa creación hace que esta realidad sea el
disfrute total para que una Madre y un Hijo con la dicha de poder sentir y
decir ¡qué grande hijo es ser tu madre!, como estoy segura, tú también dirás
¡qué grande madre es ser tu hijo!. ¡Dios te bendiga!.
Tu
Pancha.
"...y
desaparece del Arauca el nombre de El
Miedo, y todo vuelve a ser Altamira
!Llanura
venezolana! Propicia para el esfuerzo,
como lo fue para la hazaña, tierra de
horizontes abiertos, donde una raza
buena, ama, sufre y espera!..."