A mi hijo:
General de División (r)
(GN) Felipe Rodríguez Ramírez

 

 

Hijo ¿Quién tuvo la feliz idea de llamar al hijo: "HIJO"?. Solo una madre, aquella que en el madero de La Cruz , ante ese Gran Ser que en holocausto daba su vida para salvar a la humanidad, y que en los momentos más sublimes de esa entrega total, se fundían la voz de ese hijo y la de esa Madre en las palabras sagradas de "Madre" he ahí  a tu hijo, hijo he ahí a tu Madre.  Y es así, como a través del tiempo y de los hechos, existen sólo dos corazones en uno, unidos en el amor no dando cabida sino para un solo latido.

 
Hijo, te sé y te siento allí donde está mi Dios, en donde existe mi ser, en donde está ese mismo Dios en tí, allí, muy hondo, muy callado, en lenta serenidad estas tú, tu vida, tus anhelos, tus sueños e ilusiones uno a uno, todos tus momentos, van dando pauta a un peregrinar silente, en donde se unen la realidad con la distancia, con la impotencia, con ese saber y no poder, querer y no poder, querer y  no saber, en ese solo ser y sentir lo que se es, no importando ya sino aquello que no se puede, en que lo que esta a nuestro alrededor, es solo una sombra, la que se mueve a su antojo, sin importar que ella nos cubra o no, ya que solo se vive una realidad ficticia, impotente, no dando más pauta sino para ese algo que nos lleva a mirar todo lo demás con total indiferencia, ya que aquello "demás" son solo circunstancias nada más, que como tal llegan y se van.
 
A veces, en mis momentos conmigo misma, siento que en una extensión del tiempo se hizo un camino largo lleno de alegrías, ternuras y satisfacciones, otras empedrados con espinas y abrojos, en el que hemos vencido los dos, en ese camino un día te vì llegar y te recibí, hubo un pacto unificando nuestras vidas en una sola para andar en él, por eso estoy aquí contigo, te acompaño no para dirigirte, ni mandarte, sino porque en ese sentir hondo de tu vida, hay una madre y esa soy yo, y ¿cómo poder dejar al hijo? que un día buscó amparo en mi vientre, llegó a el, y se fue formando, tomando la sustancia Divina de la Vida en las entrañas de mi propia Vida y se formó y se extendió a un mundo en el que sus pasos han dejado huellas profundas, ya que el hombre que hoy es,  aún para esa madre es el niño aquel que un día lo fue para ese hombre y que hoy y siempre será ese hijo…
 
Oye mi silencio y en el palpitar de tu corazón, siente como se sumergen nuestras almas donde sólo existe la plenitud de la vida: sí, ahí estoy yo, me sientes ¿verdad?.
 
Eres mi obra, soy tu obra, sólo un  gran Arquitecto tiene el derecho a obra tan perfecta y sólo el néctar de esa creación hace que esta realidad sea el disfrute total para que una Madre y un Hijo con la dicha de poder sentir y decir ¡qué grande hijo es ser tu madre!, como estoy segura, tú también dirás ¡qué grande madre es ser tu hijo!.  ¡Dios te bendiga!.
 
 
Tu Pancha.
 


"...y desaparece del Arauca el nombre de El Miedo, y todo vuelve a ser Altamira !Llanura venezolana! Propicia para el esfuerzo, como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera!..."