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El Nacional
"El 31 me acosté temprano. Estaba mal porque pensaba que
mi papá iba a estar conmigo. Al día siguiente íbamos a ir a
la playa y el viernes me llevaría al teleférico, que no
conozco". Eran los planes de Héctor Rovaín, de nueve años
de edad. Los narra sentado en un banco de cemento a las
puertas de la Defensoría del Pueblo, con los ojos fijos en un
lugar impreciso.
Con el entusiasmo instantáneo de los niños, Héctor había
acariciado una agenda mínima de actividades para exprimir los
primeros días de libertad de su papá, Héctor José Rovaín,
preso desde el lunes 22 de abril de 2002, acusado de
corresponsabilidad de tres de los muertos de los sucesos del
11 de abril de ese año, cuando se desempeñaba como inspector
jefe de la Policía Metropolitana y sumaba 12 años de
servicio.
En lugar de estar en lo alto del cerro Ávila, como imaginó
el 31 de diciembre en la tarde cuando el presidente Hugo
Chávez anunció la Ley de Amnistía para los presos
políticos, acompaña ahora a su mamá, Anarkaly Jiménez, en
una concentración para dejar un documento en la Defensoría
del Pueblo. La alegría duró poco: la misma noche del fin de
año les comunicaron que la acusación sobre Rovaín y los
otros funcionarios no se beneficiaba de amnistías por ser
considerada como violación de los derechos humanos, de
acuerdo con el artículo 29 de la Constitución. Pero los
proyectos de Héctor no saben de eso: "Espero que este
mes salga mi papá", dice.
"Mi hijo piensa que todos los que están presos son
malos. Tuve que llevarlo a un psicólogo para que comprendiera
que su papá estaba en la cárcel por un hecho que no cometió",
explica Jiménez, auxiliar de preescolar en un instituto de la
Policía Metropolitana. "De la experticia de la PTJ se
deduce que los 8 policías no tuvieron responsabilidad. El
arma de mi esposo salió negativa. Están presos porque
necesitan unos culpables. El 22 de abril de 2002 lo llevé
para que se pusiera a derecho. Iba con un bolsito, porque
supuestamente estaría sólo 45 días por
averiguaciones", recuerda Jiménez. Insiste en que después
que anunciaron la amnistía lucharán más que nunca.
"En el Gobierno creen que los policías presos no tienen
familia", dice.
"¿Qué es un policía? Un policía es pueblo"
Erasmo Bolívar es el de la foto del policía con los guantes
de látex y el arma. Esa es la prueba, la imagen que por ahora
lo condena. Erasmo tenía un año de graduado como agente
policial el 11 de abril. Entonces, 22 años de edad; ahora 27.
Su madre, Esther, y su tía María Isabel, cuentan lo que hizo
ese día: "Llegó tarde a la comandancia porque la noche
antes se le inundó la casa. Entonces quedó a las órdenes de
un sargento y tuvo que trabajar como auxiliar de
ambulancia", explica Esther. María Isabel –policía
jubilada, al igual que su padre, el abuelo de Erasmo– la
interrumpe: "Trabajó asistiendo a los heridos y montándolos
en la ambulancia. Usaba guantes porque un médico les recomendó
que lo hicieran. Había mucha sangre. La foto lo muestra
mientras iba buscar a unos heridos en medio del tiroteo".
Esther vuelve a intervenir: "Las pruebas de balística
dieron negativas. Él nunca accionó el arma".
Las hermanas viven en Catia
La Mar y viajan semanalmente a Ramo Verde, en Los
Teques, donde está Bolívar. "Un policía no tiene
dinero, vive del quince y último. ¿Qué es un policía? Un
policía es pueblo", dice María Isabel con las manos en
la sien, presagiando un dolor de cabeza. En La Guaira quedaron
los tres hijos de Erasmo Bolívar: "El fin de año no
durmieron esperando a su papá. Mi mamá tiene 82 años y reza
para salga ese muchacho, porque después de la vida, la
libertad".
"Estamos muy orgullosos de mi esposo"
Whuilmar de Rodríguez, esposa del sargento primero de la PM,
Julio Rodríguez, está clara y convencida: "Si no
estuviera segura de que mi esposo es inocente, no estaría aquí
dando la cara por él". El 11 de abril, Rodríguez
permaneció en el Comando Número 5, al resguardo de un parque
de armas, al menos hasta las 5:00 pm, cuando la revuelta se
extinguía y cuando fue fotografiado con un arma, cerca de
puente Llaguno.
"Lo acusan por esa foto, en la que también salen otros
funcionarios portando las mismas armas que él, y no están
presos. En ese momento, Julio era jefe de inteligencia e iba
vestido de civil. Eso cuenta a su favor", relata
Whuilmar, quien va, junto con sus dos hijos, cuatro días a la
semana a visitar a Rodríguez. "Los niños saben que su
papá está preso por algo que no hizo. Estamos muy orgullosos
de mi esposo".
Whuilmar, estudiosa de la Biblia, dice que espera que algún día
se sepa quiénes son los responsables del 11-A. Mientras
tanto, recuerda las palabras del propio Chávez: "El
Presidente llamó a Goveia `caballero’ porque todos son
inocentes hasta demostrarse lo contrario. Pero tú ves en la
televisión gente que llama asesinos a los policías. Si fuera
cierto que tres comisarios mandaron a disparar contra la
marcha, ¿habría sólo tres muertos?"
"Este fue el peor 31 de diciembre"
En la cola de la cárcel de Ramo Verde, saliendo de la visita
del pasado 31 de diciembre al subcomisario Marcos Hurtado,
estaban su esposa María Pascastillo, sus tres hijos y varios
familiares, cuando Hugo
Chávez anunció el decreto de amnistía con peso de
ley. "Este 31 fue el más triste de todos los seis.
Cuando Chávez habló, salíamos de la visita.
Hubo gritos, lágrimas, plegarias. Hasta que a las 10:30 de la
noche supimos que nuestros esposos no se beneficiaban.
Nuestros hijos fueron los que reflejaron toda la
tristeza", recuerda Pascastillo, comisario jubilada de la
PM. Explica que el juicio está "en la recta final"
y que después de 180 audiencias no han logrado individualizar
responsabilidades. La Ley de Amnistía era un atajo, pero
ellas han recorrido buena parte del camino.
"Los policías están en las celdas que eran de los
paramilitares. Estaban pintadas de rojo y negro y las pintamos
de blanco, las arreglamos. Sobre todo para hacerlas
presentables a la vista de nuestros hijos", dice María.
Leonardo, su hijo de 13 años, agrega: "Hasta pusimos la
Navidad en la celda y no en la casa". "Es primera
vez que mis hijos salen en los medios, pero me quisieron
acompañar para defender a su papá. Ya no están chiquitos,
crecieron", dice Pascastillo.
"Todavía está esperando a su papá"
A veces llevan un Nintendo
para que la niña, de seis años de edad, juegue con su papá
en la celda. La hija de Otto Gebauer lo visita todos los
domingos.
Ana, su mamá, la lleva. "El 31 de diciembre, cuando se
anunció la amnistía, me dijo: `Vamos a buscar a mi papá, yo
te acompaño mamá’. ¿Cómo le explico ahora lo compleja
que es la situación. Todavía está esperando a su papá en
la casa".
El capitán Gebauer es uno de los militares que custodió a Hugo
Chávez el 12 y el 13 de abril de 2002, por órdenes de
sus superiores. El vicealmirante Héctor Ramírez Pérez había
sido nombrado Ministro de la Defensa. Está sentenciado por
insubordinación y privación ilegítima de libertad al
Presidente de la República. "Mi esposo estaba de
vacaciones y el 10 de abril lo llaman porque todos los
militares estaban acuartelados. El 12 lo comisionaron a la
policía militar para custodiar a alguien y garantizarle los
derechos; él no sabía a quién, y cumplió la orden",
narra Ana y añade: "Su caso debería beneficiarse por la
amnistía porque esto no entra en violación de derechos
humanos. Más bien, mi esposo fue garante de los derechos
humanos del Presidente".
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