By ANTONIO MARIA DELGADO
adelgado@elnuevoherald.com
Condenado a 30 años de prisión por un crimen que activistas
de derechos humanos dicen que no cometió, Julio Rodríguez
aprendió a pintar tras las rejas para escapar de la
depresión y recordarle al mundo que existen presos políticos
en la Venezuela de Hugo Chávez.
Ahora, tras culminar un primer lote de 17 cuadros elaborados
con pinturas que él mismo fabrica en base a piedra molida
desde la cárcel de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques,
la obra de Rodríguez será puesta en venta en Miami, en una
exposición que los organizadores esperan despierte el
interés de la comunidad venezolana en el exilio.
Rodríguez, de 55 años, lleva casi ocho años en cautiverio,
siendo uno de los siete integrantes de la Policía
Metropolitana de Caracas que fueron declarados culpables,
por la Justicia de Chávez, de abrir fuego contra una marcha
pacífica de manifestantes que protestaban contra el gobierno.
Pero activistas y líderes de la oposición argumentan que los
efectivos de la Policía Metropolitana estaban defendiendo a
los manifestantes contra francotiradores de grupos allegados
al gobierno y que el gobierno luego los inculpó para que
sirvieran de chivos expiatorios.
``Como los verdaderos responsables no iban a pagar las
muertes, entonces el gobierno convirtió en víctimas a los
verdaderos responsables y en villanos a quienes salieron a
defender a las víctimas'', dijo Patricia Andrade, presidenta
del grupo proderechos humanos, Venezuela Awareness
Foundation.
Rodríguez, un sargento con 22 años de servicios en el cuerpo
policial, ni siquiera se encontraba en el lugar de los
hechos, cuando los francotiradores abrieron fuego desde el
Puente Llaguno, dejando 19 muertos en los eventos que
condujeron al golpe de Estado contra Chávez del 2002.
El sargento fue inculpado porque se rehusó a ceder ante las
presiones de la fiscalía de que inculpara a sus compañeros
de haber abierto fuego contra los manifestantes. ``El se
negó, y le dijeron: `te va a pesar', y le metieron 30 años'',
dijo Andrade, cuya fundación organiza la exposición de las
obras.
Rodríguez comenzó a pintar una vez que se encontraba en la
cárcel, en momentos en que luchaba contra la depresión, como
una manera de plasmar su angustia y su sensación de
impotencia ante una nación que naufraga.
En varios de sus obras, pintadas sobre hojas arrancadas de
cuadernos, están presentes las rejas, la oscuridad, las
cadenas, y palomas que vuelan en libertad.
El color azul, que también predomina en alguno de sus
cuadros, es usado como una intensa referencia al cielo, al
mar y a la libertad.
Las pinturas serán expuestas al público el viernes a las 7
p.m. en el Salón Palmetto del Hilton Garden Inn Miami
Airport West, en el 3550 NW 74 avenida.
En una carta escrita desde la cárcel, Rodríguez expresa sus
deseos de que los fondos recaudados con la venta de sus
obras sean utilizados para ayudar a sostener a su familia,
la cual enfrenta serias dificultades económicas debido a que
el sargento era su principal fuente de sustento.
``En vista de la injusta condena que pesa sobre mis hombros...
quiero y necesito seguir ayudando a mi familia'', dijo
Rodríguez en la misiva. ``Me han quitado todo cuanto han
podido, pero jamás mi dignidad y mi responsabilidad para con
los míos''.
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