| Caracas,
domingo 14 de octubre, 2007 Nacional y Política |
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Un árbol caído
Eligio Cedeño es hijo de esta revolución. De La Bombilla saltó a lo
más alto del mundo financiero, pero una imputación congeló sus
bienes y mira el proceso desde las húmedas celdas de la Disip. Por
Francisco Olivares
De origen humilde, muy humilde. De Eligio Cedeño podría decirse que
encarnó el sueño americano pero en plena República Bolivariana,
pues nacido y criado en el barrio La Bombilla de Petare, alcanzó las
más altas posiciones en el mundo financiero y bancario del país.
Aunque el ascenso social y el éxito de los humildes no es
precisamente la filosofía de vida que promueve este proceso, Eligio
Cedeño es un hijo de esta revolución. Entre política, violencia,
marchas y paros, edificó su pequeño imperio al lado de una nueva
generación de empresarios que creció al ritmo de: "patria,
socialismo o muerte".
Quizás por eso su "caída en desgracia" o incursión en el
laberíntico sistema jurídico venezolano es una historia emblemática.
Desde lo más selecto del nuevo liderazgo económico, descendió
abruptamente hasta una celda en la Disip. Para el propio Cedeño, la
mano que habría movido los hilos del poder para llevarlo a la cárcel
es tan difusa como las imputaciones que confronta.
Este joven ejecutivo comenzó a trabajar hace 25 años como aprendiz
de banco, incursionó en el mercado de capitales y en la banca.
Sostenidamente escaló posiciones hasta convertirse en el presidente
del Grupo Financiero Bolívar, compuesto por las instituciones
financieras de Bolívar Banco y Banpro. Algunos han atribuido sus éxitos
a las vinculaciones financieras que habría mantenido con la clase
empresarial emergente que ha hecho grandes negocios con el Gobierno,
sin embargo el propio Cedeño afirma haberse mantenido lejos de la política
y de los grupos financieros en su estrategia empresarial.
Su éxito parecía no tener límites hasta que en noviembre de 2003,
el superintendente tributario, José Vielma Mora, inició una
investigación por defraudación tributaria a raíz de una tramitación
de divisas respaldada por el Banco Canarias, en donde Cedeño era
directivo. Esa tramitación fue solicitada ante el banco por otra
figura joven emergente, Gustavo Arraíz, dueño de Microstar y líder
del ambicioso proyecto del Aeromall en la autopista de Prados del
Este. La solicitud era por un monto de 27 millones de dólares para la
importación de equipos de computación, que, supuestamente, nunca
ingresaron al país. Estos dos exitosos empresarios hoy miran el
camino recorrido desde las húmedas celdas de la Disip con un destino
incierto en el que, según la perspectiva observada por el equipo de
abogados que defiende a Cedeño, la justicia y el derecho a la defensa
no son valores invitados en este proceso. Ante esa incertidumbre el
joven banquero ha expresado que preferiría ser tratado como un
delincuente, a los que considera que al menos tienen la posibilidad de
acceder a una justicia imparcial y les dan libertad bajo fianza.
Relaciones peligrosas
Arraiz saltó a la palestra pública cuando hace aproximadamente un año
hizo pública una oferta para que inversionistas privados participasen
en un megaproyecto de su autoría: el Aeromall. Un gigantesco centro
comercial de 620 mil metros cuadrados y US$580 millones en inversión
que estaría ubicado a un costado de la autopista Prados del Este. El
proyecto, que sería el centro comercial más grande de Latinoamérica,
generó suspicacia y entonces se dijo que detrás del mismo se movía
una alta figura del Gobierno, incluso esas relaciones llegarían hasta
el entorno presidencial. Arraiz, al igual que Cedeño, provenía de
estratos bajos de la población y en pocos años se abrió camino en
el mundo de los negocios.
Eligio Cedeño asegura que antes de que el Banco Canarias aprobara la
línea de crédito a favor de Arraiz con respaldo de los dólares
aprobados por Cadivi, no conocía al polémico personaje.
Fue un hermano de Eligio quien llevó al banco a Gustavo Arraiz, a
solicitar la tramitación de divisas. Luis Santos Cedeño mantenía
relaciones comerciales con Arraiz y lo condujo al banco donde Eligio
era uno de sus directivos, es por eso que hoy se siente responsable
por la cárcel que padece su hermano.
En agosto de 2003, y en nombre de su empresa, Microstar, Gustavo
Arraiz presentó al Banco Canarias la solicitud para la tramitación
de divisas como operador cambiario. Esa solicitud estaba acompañada
de seis planillas de importación debidamente selladas por las
autoridades de la aduana de Maiquetía y por el propio Cadivi, lo que
a efectos del banco era suficiente aval para respaldar la solicitud
por lo cual procedió a aprobarla con la firma de toda la junta
directiva del Banco Canarias. Para el abogado de la defensa, Emilio
Berrizbeitia, en ese tipo de trámite el banco queda liberado de
cualquier indagación relativa a la autenticidad de las planillas.
Asimismo, el convenio que firman los bancos con Cadivi contiene una cláusula
que expresamente excluye de responsabilidad al banco de verificar la
autenticidad de lo que se presente.
Denuncia el superintendente
En noviembre de 2003, José Vielma Mora ordena una investigación
preliminar sobre la tramitación hecha por Microstar. El
superintendente tributario anunció entonces que acabaría con las
mafias de Cadivi. Luego de dos años de averiguaciones, en noviembre
de 2005, el presidente de Microstar, Gustavo Arraiz, conjuntamente con
Eligio Cedeño, fueron imputados por la comisión de delitos de
contrabando y defraudación tributaria. En el caso de Cedeño fue
imputado como cómplice porque supuestamente las planillas verificadas
por la aduana y por Cadivi no resultaron acordes con la realidad.
Estas dos acusaciones no ameritaban la prisión para el imputado.
Pero el 8 de febrero, sin conocerse que se produciría una nueva
imputación, un comando de la Disip se presentó en la sede del Banco
Bolívar, en las oficinas de Cedeño, para detenerlo. No había
imputación ni orden de captura. Eligio estaba en Los Teques y, al
enterarse, se movilizó directamente a la Disip, donde fue detenido.
Posteriormente, a las 8 de la noche, llega la boleta que ordena su
detención. Al día siguiente, el 9 de febrero de 2007, es cuando el
Ministerio Público, consigna por escrito los fundamentos para la
solicitud de privación de libertad con un nuevo delito añadido a los
dos anteriores.
Había aparecido un tercer delito: "Distracción de
recursos" que se paga con 10 años de cárcel y del que sí se
puede requerir la detención del imputado por peligro de fuga. El
abogado Berrizbeitia sostiene que para poder aplicar esa imputación
es necesario que exista un daño patrimonial. Y en el caso del Banco
Canarias, no sólo no hubo ninguna pérdida, sino que el banco ganó
230 millones de bolívares, pero la Fiscalía y el tribunal de la
causa nunca admitieron que fueran presentadas dichas pruebas. Al mismo
tiempo descarta el peligro de fuga por cuanto Cedeño se presentó
voluntariamente a la Disip y sin embargo la juez ordenó su detención.
Retaliación o justicia
El 9 de febrero, un día después de la detención de Eligio Cedeño.
Gustavo Arraiz sale del país con lo que evita la orden de aprehensión
solicitada por el Tribual Tercero de Control del área metropolitana
de Caracas. Sin embargo, a finales de ese mismo mes, fue capturado por
Interpol en la ciudad de Panamá y trasladado a Venezuela. La versión
de Gustavo Arraiz, dada a través de un comunicado de prensa dirigido
al presidente Chávez, es que fue cazado y capturado en Panamá sin
motivo ni orden judicial. Sostiene Arraiz que fue arrojado en un lugar
lúgubre, secuestrado desde Panamá hasta Caracas bajo el modus
operandi de la renuncia de la embajada de Venezuela a la detención
preventiva con fines de extradición. Fue trasladado en cholas, en
short, sin equipaje y sin cartera. Alega que durante tres años
enfrentó el proceso que se le seguía y su viaje al exterior era por
motivos de trabajo. En el comunicado asegura que no le dieron la
oportunidad de entregarse en libertad. La orden de traerlo a Caracas
parece haber venido desde muy arriba y por ello los funcionarios
venezolanos ya tenían el pasaje con su nombre. Desde la sede de la
Disip en El Helicoide se identifica como un socialista que apoya el
proceso y bajo su firma no duda en colocar "patria, socialismo o
muerte".
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