| El caso Simonovis |
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| Durante casi 4 años, Ivan Simonovis, Lázaro Forero y otros ciudadanos acusados por los sucesos del 11A han tenido que hacerle frente a un disparatado juicio lleno de retardos, trabas burocráticas y retruécanos judiciales |
| Por: Alonso Moleiro |
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Durante casi cuatro años, Ivan Simonovis, Lázaro Forero y otros ciudadanos acusados por los sucesos del 11 de abril han tenido que hacerle frente a un disparatado juicio lleno de retardos, trabas burocráticas y retruécanos judiciales. Cuatro años escuchando pruebas y descargas sin sentencia, contemplando de frente la cara más espeluznante del derecho. La defensa de Simonovis la ejerce su esposa, la valiente y tenaz Bony Pertíñez. La misma ciudadana que muchos pudimos contemplar de cuadra en cuadra intentando motivar a la gente para que acudiera a votar en las elecciones parlamentarias de 2005, habiendo identificado entonces que una candidatura de Simonovis a los cuerpos deliberantes iba a encontrar simpatías en la ciudadanía opositora y lo podría colocar de nuevo en la calle. No contaba entonces con que se iba a imponer la cantaleta abstencionista y la estupidez aquella de "las condiciones electorales". El retiro de las elecciones parlamentarias fue el saludo a la bandera más visible que le ha hecho cierta oposición de cafetín a la causa de la libertad. Hoy, aquellos que llamaban "colaboracionistas" a quienes defendían la causa de la participación electoral hacen campaña como si no hubiera ocurrido nada. Simonovis, Forero y Vivas siguen presos. Deténgase, lector, por un momento, a pensar en el significado de la palabra "preso". Mientras usted piensa que seis horas seguidas en su casa son demasiadas, y durante cuatro años ha hecho una seguidilla interminable de diligencias, viajes y fiestas; mientras usted ha ido al cine y al teatro, mientras ha visto llegar e irse el Mundial de Fútbol, la Copa América y las Olimpíadas en tascas, estos señores discurren su existencia en calabozos interconectados de dos por dos, con un acceso al sol de minutos contados, cada dos semanas, y con una sala para recibir visitas –que quien escribe pudo ver personalmente– que constituye una especie de sala de fiestas en miniatura en mal estado; no apta para claustrofóbicos y con muy precaria ventilación. No estoy proclamando a ciegas la inocencia de estos funcionarios, porque no soy ni abogado ni juez. Los intrincados sucesos de abril están poblados de una serie de puntos ciegos que me impiden hacer afirmaciones a pies juntillas. Sé que los tres, en especial Simonovis, eran los mejores policías de este país, y que sus familiares –Bony y Kiki Pertíñez, la señora Muti– constituyen un admirable núcleo de ciudadanos que atesoran el futuro de la Venezuela decente. Todos hemos sido arrastrados por las provocaciones y el proceder irresponsable del Presidente de la República. Lo que pido para ellos, como venezolano, es un juicio justo. Rectitud y celeridad procesal; que cese la malandrería y las malas intenciones. Que todos hagamos nuestra la causa de estos funcionarios. Porque, si los vemos bien, mientras a Simonovis, Vivas y Forero se les tortura con todas las argucias legales posibles, los sujetos que mataron a la señora Maritza Ron frente a todo el país, la tarde del 16 de agosto de 2004, gozaron de todos los beneficios procesales posibles y ya están en la calle |