Martes 22 de Abril de 2008


Por fin, chico, ¿quién mató a Danilo?
El fantasma de Anderson pide a gritos justicia. El asesino anda
suelto, moros y cristianos no dan pie con bola y todos inventan
historias al mejor convenir

Víctor Amram*

IlichOtero/ TalCual

La verdad que el caso Danilo es un caso fácil –claro está–
 fácil,cuando nadie quiere investigar lo que en realidad ocurrió, por dos
razones bien sencillas; la primera, una falta de interés por ambas
partes en descubrir que las historias por ellos inventadas se caen de
maduras. La otra, por existir intereses creados, donde cada quien
quiere sacarle provecho personal.

Para el gobierno fue sumamente simple, el viejo método de la dictadura
argentina, "la listica chef", la cual resuelve todos los casos
policiales que ponen en peligro la credibilidad de los mandatarios.

El procedimiento consiste en hacer un listado de los enemigos más
importantes del gobierno, en orden preferencial. Después se analiza
cómo encajar los nombres con lo ocurrido, lo que da una matriz de
oportunidad; se escogen las víctimas y la mesa está servida. Luego se
dividen en dos grupos: (a) autores intelectuales, (b) autores
materiales y por último llega el chef de cocina, un buen periodista o
un mal poeta que redacten una historia lo mas creíble posible.

Las autoridades reciben la orden de fabricar las pruebas, los esbirros
corren a capturar a los culpables, los jueces reciben el expediente,
los menos afortunados van presos y los más ágiles se van del país,
pero para el gobierno dictatorial, "el caso está resuelto".

Pero parece que al propio Danilo no le gustó esa historia, así que
como suele pasar con las almas en pena, regresó para agarrarle los
pies a alguien, que por alguna extraña razón parece haber decidido
contar las cosas con otra tonada.

Ahora vuelve a la palestra el tema de la muerte de Anderson y
gubernamentales y opositores se ven las caras de nuevo.

Mientras tanto, una solitaria figura, gris y triste se mueve entre
callejuelas, él sabe que es el asesino, pero escondido detrás de las
mentiras y poesías, logró esconderse sin problemas.

En un principio, cuando apenas habían transcurrido unas pocas horas de
la situación en la que perece Danilo, este hombre calvo y pequeño,
después de ver los resultados de su inocente plan, sin ser percibido
por nadie, se refugia en un bar cercano; ahí se encuentra con un viejo
conocido, al cual después de varios tragos le cuenta lo sucedido y el
temor que siente de ser descubierto, el amigo lo escucha con
detenimiento y como policía veterano que es le da sus mejores
recomendaciones, entre ellas que vuelva a donde fabricó el material
explosivo, que recoja todas las pruebas y las lleve a un lugar seguro.

"El Pitufo" copió con atención lo que decía el maestro, se fue de
inmediato a su lugar de trabajo y lo más rápido posible tomó todo lo
que lo podía incriminar y llamó a un amigo para que lo ayudara, ya
que no tenía carro en ese momento.

El amigo era de máxima confianza para el "Pitufo", ya anteriormente y
con frecuencia habían estado juntos en andanzas como venta y
contrabando de armas, lo cual facilitaba la comunicación de tan
asustado personaje.

Las pruebas y no pruebas las introdujeron en un carro y se las
llevaron para una edificación donde lo dejaron estacionado en el
sótano; dejaron que los días pasaran y cuando el gobierno nacional
lanza su proclama, el hombrecito gris, de triste figura, volvió a
respirar, los culpables ya fueron capturados, los hermanos Guevara
serán los chivos expiatorios como autores materiales y los periodistas
enemigos como autores intelectuales.

Una y otra vez el "Pitufo" leyó y escuchó las noticias, no lo podía
creer, estaba salvado. El profesional de la Pluma había logrado su
objetivo, crear una historia lógica, aun cuando muchos no la creyeran,
así como otrora vivió de las mentiras periodísticas y de la extorsión
palangrista, que no sé por qué me hacen recordar lejanamente al caso
Totessaut, aquel abogado asesinado frente a su esposa e hijo por unos
sicarios maracuchos que lo esperaron pacientemente aquella mañana
cuando por primera vez llevaba a su pequeño a la escuela. También en
ese caso, un escritor de ciencia ficción elaboró otra historieta, todo
era lógico en el cuento y como siempre ocurre, los muertos no hablan.

Por eso es que el "Pitufo" tiene miedo, no sabe si ir a la Fiscalía, o
a la policía, o esconderse en casa de su abuela, o llamar a su amigo
pródigo para que lo saque de ahí metido en la maleta. Mientras tanto
el fantasma de Danilo camina por las calles de Caracas, buscando poner
al descubierto a su asesino que todavía anda suelto.


* Comisario de la antigua PTJ