Santa Ana del Táchira, jueves 18 de agosto del año 2005
Carta dirigida al santo padre Benedicto XVI en el marco de las
XX jornadas
mundiales de la juventud.
Apreciado Santo Padre pastor del pueblo católico en el
mundo, le escribo
estas humildes palabras con la profunda fe en el creador que en algún
momento lleguen a sus manos, le escribo desde una celda en la cárcel de
santa ana del estado Táchira, Venezuela; soy un joven de 29 años de edad,
nacido en esta tierra hermosa en un hogar muy humilde pero con profundas
convicciones cristianas, mi nombre es Danny Alejandro Ramírez Contreras,
estudie con mucho sacrificio y esfuerzo hasta lograr el titulo de Ingeniero
Industrial en la Universidad del Táchira (UNET) en la cual me destaque por
ser el presidente del centro de estudiantes y consejero universitario de
esta casa de estudios; mi titulo me vi obligado a recibirlo en esta cárcel,
ya que no se me permitió asistir a mi acto de grado como lo era el sueño de
mi familia. Me encuentro en esta prisión desde el 20 de noviembre
del año
2003, fui capturado y torturado por la policía política del gobierno
venezolano llamada DISIP, estoy sometido a un proceso penal por el absurdo
delito de Rebelión Civil, por el simple hecho de pensar diferente a quienes
hoy gobiernan en Venezuela, he sido sometido a esta terrible pesadilla por
haber participado en una protesta cívica, pacifica y sin ningún tipo de
armas a las afueras de la residencia oficial de gobernadores el día 12 de
Abril del año 2002, en repudio a los asesinatos de ciudadanos bajo las armas
y por la opresión del régimen autoritario del presidente Hugo Chávez,
el
día 11 de Abril en la ciudad de caracas. En nuestra constitución y en
nuestras leyes se consagra el derecho que tenemos los venezolanos a
protestar pero en Venezuela no hay estado de derecho, ni se respetan los
derechos humanos mas elementales y en su totalidad los jueces venezolanos
son militantes activos del partido de gobierno.
Santo Padre soy un preso político y de conciencia conocido en mi país
como
el preso político mas joven de todos los presos políticos que existimos en
Venezuela y le escribo estas líneas porque un sueño que siempre he
tenido
en mi vida ha sido participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud,
siempre quise compartir esta hermosa experiencia de los jóvenes del mundo
junto al santo padre Juan Pablo II y ahora con usted; anteriormente no pude
realizar este sueño por la falta de recursos para trasladarme a los lugares
de este evento y ahora por encontrarme en el infierno que significa las
prisiones en Venezuela.
Santo Padre le confieso que nunca he cometido delito alguno para encontrarme
en prisión, a la luz del derecho, de las leyes y de los principios de
convivencia humana; me encuentro privado de mi libertad por pensar
diferente, por ser critico frente a las atrocidades y violaciones constantes
de nuestros derechos por parte de quienes hoy gobiernan, estoy en prisión
por ser un luchador social que sueña con un país de verdaderas oportunidades
para todos los venezolanos sin ninguna exclusión ni diferencia de credo,
condición social, ni racial de ningún tipo; estoy en prisión por enarbolar
los valores de la justicia social, del bien común, del respeto a la dignidad
de la persona humana, de la solidaridad, de la igualdad en fin los
principios de la doctrina social de la Iglesia; Santo Padre estoy en prisión
por creer en el progreso del hombre, por no doblegarme a las limitaciones de
la pobreza material, por no resignarme a ver de brazos cruzados la
destrucción constitucional de un país tan hermoso como Venezuela.
Santo Padre mi llamado es un llamado de alerta y de solidaridad humana a
todos los pueblos del mundo y en especial a nuestra amada Iglesia católica,
se que en muchos países que han tenido que vivir y padecer bajo la opresión
de regimenes autoritarios y totalitaristas, la iglesia católica ha jugado un
papel muy activo en la defensa de los derechos humanos de los ciudadanos, en
este terrible momento que vive la historia de nuestro país, clamo como joven
cristiano su valiosa intervención para que el gobierno de Venezuela nos
devuelva la libertad que nunca debimos perder, llevo 21 meses viviendo en
este lugar infernal, contemplando las peores pesadillas dantescas que la
deformación humana pueda concebir, he visto como la muerte y el desprecio
por la vida florecen bajo el aire de esta prisión, he visto de cerca la
capacidad de odiar y destruir de algunos hombres, he conocido en este lugar
el sufrimiento humano en su máxima expresión, en esta situación nos
encontramos tres ciudadanos tachirenses, Saúl Lozano, Orlando Pantaleón y
quien suscribe Danny Ramírez, y otra gran cantidad de venezolanos regados en
las distintas cárceles de nuestro país, puestos en prisión por razones de
ideas y por la persecución política del actual gobierno.
Apreciado santo padre, quiera la vida y nuestro señor que estas palabras
lleguen a sus manos, elevo una plegaria humana a nuestro creador para que
así sea concedamos su amada bendición y se cumpla nuestro deseo que la
cultura del amor se imponga por encima y derrote a la cultura del odio en
todo el mundo, en especial en mi país Venezuela.
“Dios ilumine nuestros pasos por esta vida”
Atentamente con mucha fe y cariño
Ing. Danny Alejandro Ramírez
Preso político y de conciencia en el Táchira- Venezuela.