“Feliz
año, periodista”, me dijo, con un mínimo resto de euforia en su cuerpo. Los
barrotes impedían darnos
un abrazo, pero cada quien en su lugar lloraba”….Este
párrafo del libro ”Cuando
las piedras
hablan” escrito por el periodista y preso político Leocenis García, relata como
recibió su primer ano encarcelado en una de las cárceles mas peligrosas de
Venezuela,
Tocuyito, y como el mismo agrega, aquel 31 de diciembre, “….a las cinco de
la tarde volvieron a poner el candado en la puerta del calabozo, que lo
deteste mas que nunca”.
Estos sentimientos, realidades y durezas de la soledad abrumadora, lejos del calor familiar, las reuniones donde todos alegres esperan la llegada del ano nuevo, es la cruda realidad para todo preso político que, al igual que Leocenis Garcia, mas allá de las rejas políticas, traspasan esos barrotes y”…me quede sollozando, y les envié un intenso abrazo espiritual a todos, a mama, papa, a Laura, mi amada hija; a ti ….”
Los 32 presos políticos venezolanos repiten esta realidad, algunos, cuentan en forma regresiva, ”uno menos y saldré en libertad”, otros, se preguntan, ”cuantos me faltaran? no tengo sentencia todavía”, sin embargo, otros como Raul Díaz, piensan, ”hace dos anos debí haber estado en mi casa, en la mesa con mi familia, sin embargo, se niegan a darme libertad”
Las cárceles políticas dejan profundas huellas, no solo en los presos políticos de Hugo Chávez, son huellas en cualquier ser humano que ha vivido una cárcel política. Hace tiempo tuve la oportunidad de conversar con el hijo de un preso encarcelado por formar parte del movimiento izquierdista de los 60.
El me manifesto su formación y creencia en la izquierda y por eso apoyaba a Hugo Chávez.
Hoy, un adulto y padre de varios hijos, revivía las visitas de niño a su padre con absoluta claridad las cuales me compartía cada detalle y, siendo un niño tal vez de kinder, recordó las palabras que le dijo a su papa cuando este, parado en la puerta, lo vio entrar a su casa.
La ausencia de su papa, las visitas a la cárcel y el regreso a casa, son recuerdos dolorosos para quien ha padecido la cárcel política.
Esta conversación llego a un punto: el deseo de la reconciliació n, la justicia, no repetir los horrores que Venezuela ha vivido.
Ambos, el, firme creyente de la izquierda y seguidor del Presidente Chávez y yo, defendiendo a presos políticos de quien el sigue, reconocimos que Venezuela tiene gente valiosa de la cual poco se menciona y que son capaces de hacer de Venezuela un país mejor y que podremos luchar por hacer del país el que todos queremos: sin presos políticos, con justicia verdadera y libertad.
De nosotros depende.
Patricia Andrade
www.venezuelavigilante.com
“Cada día que un preso político permanece encarcelado, es de por si, un acto de
tortura"