Hoy hace ya cuatro años que el abogado Antonio López Castillo cayó
muerto en el cruce de la avenida Las Acacias con la calle Los
Estadios de Plaza Venezuela. Las elecciones regionales y las
lluvias no dejarán espacio para otros temas, pero la defensa del
fallecido recuerda que al día de hoy, ninguno de los organismos
responsables de la investigación ha precisado las circunstancias de la
escena del crimen, las razones exactas por las cuales lo perseguía la
comisión policial que entonces investigaba el asesinato del fiscal
Danilo Anderson, y los vínculos que esos funcionarios le
achacaron con ese caso.
La investigación sigue gravitando en la órbita de la Fiscalía 49 a Nivel
Nacional con Competencia Plena, a cargo de Haifa El Aissami. En 1.460
días no ha habido conclusiones sobre la muerte de López Castillo; lo
único que queda claro para Marco Antonio Rodríguez-Acosta, apoderado
legal de los padres del fallecido -la ex senadora copeyana, Haydée
Castillo, y el ex presidente del Centro Simón Bolívar, Antonio López
(padre)- es que ningún juzgado ha podido establecer vínculos entre su
defendido y el atentado que el 18 de noviembre voló al fiscal Danilo
Anderson.
El Tribunal 20 de Primera Instancia en lo Penal en Función de Juicio del
Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas sentenció el
24 de Enero de 2006 a los hermanos Rolando y Otoniel Guevara, y su primo
Juan Bautista, como autores materiales del crimen de Anderson. Rodríguez-Acosta
destaca, sin embargo, que el fallo nunca mencionó a su defendido.
Aunque originalmente se vinculó a López Castillo como cómplice del
asesinato del fiscal; aunque las autoridades advirtieron que lo
perseguían por sus vínculos con el caso; aunque siempre recordaron su
amistad con los autores materiales, su muerte está en una suerte de
limbo. "En el juicio de los Guevara no se mencionó a Antonio", advierte
Rodríguez-Acosta. "La sentencia sólo dice que un abogado recibió C4 en
La Guaira, así como minas explosivas para la bomba".
Está claro que nadie puede enjuiciar a un muerto. Ni en la Fiscalía
General de la República Bolivariana de Venezuela tienen forma de ir al
más allá, pero Rodríguez-Acosta advierte que toda persona -aun después
de fallecida- debe ser mencionada en cualquier expediente judicial en el
que esté involucrado. Esa situación es, para él, una prueba de que a
López Castillo lo mataron en unas circunstancias en la que no tenía arte
y parte.
14 disparos y un tiro de gracia A
Antonio López Castillo le dieron un tiro de gracia entre la barbilla y
la garganta. Su cadáver quedó tendido en pleno mediodía con esa y otras
14 perforaciones. Las crónicas de entonces dejaron claro que el cadáver
del abogado de 32 años quedó tendido en el pavimento, junto a su pistola
9 milímetros, vestido de flux y una corbata amarilla que alcanzó a
taparle el rostro.
La versión oficial que dio el Cuerpo de Investigaciones Científicas,
Penales y Criminalísticas a los medios de comunicación relata que los
investigadores interceptaron el vehículos Honda Civic plateado,
matrículas ABT31A, que manejaba cuando le dieron la voz de alto. Los
oficiales declararon que abrieron fuego después de que el conductor
accionara su pistola. Hablaron de un enfrentamiento en el que también
perdió la vida el inspector Luis Alberto Pabón, funcionario de la
División Contra Drogas de la policía científica.
Hay testigos, sin embargo, que han dado otras versiones. El
representante legal del matrimonio López Castillo asegura que el
funcionario del Cicpc fue cruzado por la bala de un compañero; algunas
de las personas que presenciaron la escena del crimen le permiten
advertir que López Castillo sacó las manos por la ventana del piloto en
señal de colaboración.
Esta no es una historia nueva. No es difícil recordar que el 23 de
noviembre de 2004 murió el especialista en derecho aeronáutico y que,
tras ese suceso, se disiparon otros que continuaron con el allanamiento
de su vivienda. Más de 40 funcionarios del Cicpc, con apoyo del grupo
comando de la policía del Municipio Libertador, irrumpieron sin ordenes
de Fiscalía en la quinta Alfa, ubicada en la avenida Tamanaco de la
urbanización Oripoto del municipio El Hatillo.
Lo nuevo, sin embargo, es que aún no hay nada nuevo. Al matrimonio López
Castillo ni siquiera le han entregado los objetos que les tomaron
prestados durante el allanamiento. En esta historia, sólo queda claro lo
que ocurrió después de los sucesos en los que falleció el abogado
Antonio López Castillo: sus padres quedaron detenidos el mismo día de su
muerte por un lote de armas que los organismos de seguridad encontraron
en su residencia.
Aunque pasaban de 70 años, a Haydée Castillo y Antonio López (padre) los
trasladaron esposados al palacio de Justicia. En total, fueron tres días
de espera para recibir una medida de libertad condicional, que les
permitiera asistir al funeral de su hijo.
Un funcionario del Cicpc se dirigió a la madre de López Castillo para
informarle que a su hijo lo habían matado "como a un perro". La pareja
ha optado por el bajo perfil, en este momento andan concentrados en
resolver asuntos de salud. Su abogado comenta, no obstante, que se trata
de una noticia que los desplomó: "El señor Antonio se sintió mal de la
tensión y Haydée, que es diabética, sintió un escalofrío en el cuerpo".
Cinco días después del asesinato, la ex senadora Haydée Castillo declaró
a la prensa que a falta de esperanzas en la justicia venezolana, se
sometía a los tribunales del cielo. "Mi hijo tenía 18 tiros, entre ellos
uno de gracia (...) ¿cuál es el delito que justifica eso?", preguntó. "Después
de eso ha sido un continuo atropello (...) No nos permitieron acceso a
nuestros abogados ni a nuestros familiares, sino cuando a ellos les
dieron las ganas y despues de tres dias".
Se llevaron hasta el whisky En esas
72 horas de declaraciones judiciales, allanamientos y detenciones
desapareció hasta un tostiarepas del que mucho se ha hablado. Si la ex
ministra de Fomento, Haydé Castillo, y su esposo, el ex contralor del
municipio Libertador, Antonio López (padre), nunca aceptaron la versión
del arsenal de armas que hallaron en su casa, después añadieron que los
investigadores habían tomado varias de las pertencias que tenían en ese
y otro inmueble ubicado en el estado Vargas.
De eso queda constancia en las fiscalías 8, 34, 49 y 56 a nivel nacional
del Ministerio Público, donde el abogado Marco Antonio Roríguez-Acosta
solicitó desde el 27 de enero de 2005 la devolución de los enseres, por
tratarse de "objetos que no son impresindibles para la investigación".
Hasta el momento, sin embargo, no hay noticias del Tostiarepas ni del
resto de los artículos.
Los agentes que allanaron la residencia levantaron un acta para llevarse
nueve bienes relacionados con la investigación, entre los que destaca la
computadora personal del occiso. Quedan, sin embargo, otros 38 enseres
desaparecidos en los dos inmuebles, que van desde una colección de
piezas de cristal Swaroski y un par de maletas, hasta un televisor y una
botella de whisky.
Y la lista es aún más larga. El día de su muerte Antonio López Castillo
cargaba, entre otras cosas, un reloj Gucci y un teléfono celular
Motorota V-810 que tomó el Cicpc y desde el que posteriormente se
registraron 383 llamadas a Cuba.
Las comunicaciones quedaron registradas en la factura de la compañía
Telcel Nº 3452356, cuya fecha de corte fue el 27 de diciembre de 2004,
en la que constaba un total de 769 minutos en llamadas de larga
distancia internacional. Rodríguez-Acosta comenta que cuando pidieron
más detalles a la compañía, sus representantes prefirieron no dar
explicaciones y asumir los gastos.
Para Rodríguez-Acosta, este y otros casos que rodean al asesinato de
Anderson no sólo muestran problemas en las instituciones del país, sino
en los seres humanos que están a cargo de ellas.
El abogado cree que las declaraciones que el ex fiscal Hernando
Contreras dio la semana pasada explican mucho de lo que pasó. En una
entrevista transmitida por Globovisión, Contreras afirmó que el ex
ministro de Interior y Justicia, Jesse Chacón, el ex director de la
Disip, Miguel Rodríguez Torres, el director del Cicpc, Marcos Chávez, y
los fiscales Gilberto Landaeta y Yoraco Bauza, acordaron matar al día
siguiente del asesinato de Anderson a Juan Carlos Sánchez, Antonio López
Castillo y Rolando, Otoniel y Juan Bautista Guevara, supuestos autores
materiales.
"Se decidió en una especie de corte donde juzgaban de una vez a aquellas
personas que aparecieron en la llamada anónima", relató Contreras. Una
declaración a la que Rodríguez-Acosta da crédito y agrega que: "Sólo
queda que todos empiecen a hablar".
jpoliszuk@eluniversal.com